— No es nada —Aaron sonrió para sus adentros, sabiendo que Aldo no podía ver la expresión de triunfo en su rostro.
— Aaron, ¿qué pasó? —Esta vez, la voz de Aldo sonó más firme, casi como una orden, de esas que usualmente hacían que a Aaron se le erizara la piel.
— No... pero tampoco me preguntes así —replicó Aaron haciendo un puchero exagerado—. Ya me siento mal, no me hagas sentir peor.
— Perdóname, mi amor, pero...
Click.
Aaron cortó la llamada justo en el momento de mayor tensión.
Ya estoy chambeando