Me he bañado más de cuatro veces en todo el día,
sintiendo el agua hervida quemarme la piel,
como si pudiera arrancarme las marcas,
como si pudiera fingir que no lo volví a revivir.
Curioso, ¿no? Fue como un déjà vu de aquel día,
uno que mi mente enterró y olvidó,
pero basta una amenaza, una mínima chispa,
y todo vuelve al lugar donde comenzó.
No importa cuánto haya luchado por avanzar,
tus huellas en mí no se van a borrar.
No importa cuánto desee olvidar,
no va a pasar, ni con rezos,
ni con un perdón que jamás te dignaste a regalar.
En la soledad veo tu sombra,
esa que siempre me sigue pero nunca me nombra,
como si el fantasma sintiera culpa
de haberme destrozado.
Pero es obvio:
sólo fui un juguete más que quedó dañado,
aunque en vos profundamente hubiera confiado.
En el silencio escucho gritos,
camuflados entre risas en un juego mal jugado,
donde lo que pasó se volvió mito,
como si fuera un mal sueño,
como si no importar
Pero vamos ¿A quién le importa?
Sabemos que esto no se reporta.
Solo esperan que la idiota rota
lo vuelva a superar.
Que siga viviendo, fingiendo,
y que esta vez —por fin—
no lo vuelva a recordar.