Mis queridísimos lobos —mi gloriosa, indomable y ligeramente caótica manada—
aquí su lobo alfa reportándose desde el bosque, con una pata en la tierra firme y el hocico levantado hacia la última luna del año (sí, esa que juzga en silencio).
Quiero desearles un feliz año nuevo, antes de que la luna se esconda y el calendario haga plot twist.
Este lobo alfa les agradece de corazón —y de colmillo— por caminar conmigo en este sendero de escritura, por leer, apoyar y sobrevivir a mis historias, incluso cuando la trama se pone intensa y algún personaje claramente tomó malas decisiones.
Ahora sí, me retiro con un último aullido épico (no prometo afinación), porque es hora de ir a hincarle el colmillo a algo —metafórica o literalmente, según lo permita la despensa—.
Les deseo un feliz 2026, cargado de historias locas, giros inesperados, inspiración feroz y páginas que se escriban solas… o al menos que no se rebelen tanto.
Aúllen alto, lean fuerte y no olviden:
la manada siempre regresa al bosque.