Me da mucha tristeza que Jorge Negrete nunca va a poder fecundar mi óvulo y yo cargar a su huerquillo en mi vientre durante 9 meses y que cuando nazca. Que Jorge salga a trabajar por la mañana para darnos la mejor vida posible y que yo sea la dueña de todas sus quincenas y sus suspiros, que me vea cocinando y me diga:
¿Qué vamos a comer, viejita mía? dándome un beso en el cuello y le digo:
Para ti nada, vete con la vecina, si tanto te gusta. Para que ella te haga de comer.
Pues lo vi coqueteando con una vecina güera de esas que son envidiosas.
Y Jorge, ofendido me responda:
—No digas disparates, chaparrita… si a la única que quiero con locura es a ti.
Yo no le responda por el enojo, pero el rodeándome con sus grandes manos en la cintura, y después meterme una nalgadita me diga:
—Mejor vámonos al cuarto. Te prefiero a ti para la cena. Te traigo unas ganas desde hace horas y no me voy a quedar con ellas.
Ni me tomará en brazos para llevarme al cuarto y hacerme suya.
Saber que no podremos despertar juntos y verlo como se viste y ayudarlo con su peinado mientras su primogénito es idéntico al papá y le de ese ejemplo de papá que necesita, como administrar su dinero, luchar por sus metas y quererse a sí mismo y así todos los días de nuestras vidas. Eso es requeté triste. La verdad me da mucha tristeza