Ya saben que escribo desde Cuba. Ya saben que solo tengo tres horas de internet al día. Pero creo que aún no entienden lo que eso significa realmente:
Tres horas para leer sus comentarios.
Tres horas para subir capítulos.
Tres horas para responderles.
Tres horas para intentar que esta historia crezca.
El resto del día estoy desconectado. Invisible. Solo yo y mis personajes, escribiendo sin saber si alguien allá afuera los está esperando.
Pero cuando vuelvo a conectarme y veo sus comentarios, veo sus votos, veo que compartieron la historia... siento que esto es real. Que valió la pena. Que no estoy escribiendo para una pared.
Y ahora les pido algo, pero no por mí.
Por la historia.
"Mi hater favorita" merece llegar más lejos. Zoe y Alan merecen más lectoras. El esfuerzo de escribir desde un país donde el internet es un lujo merece no quedarse en el olvido.
Ustedes tienen algo que yo no tengo: conexión constante. Pueden compartir cuando quieran. Recomendar cuando quieran. Dejar comentarios sin mirar el reloj.
Yo solo tengo tres horas.
Pero si cada una de ustedes comparte esta historia con una amiga, si la recomiendan en sus perfiles, si dejan un comentario aunque sea corto... el algoritmo empuja. Llega más gente. Y lo que construimos juntas se vuelve más grande.
No les pido números. Les pido creer en esto tanto como yo creo.
Porque desde Cuba, con tres horas al día, lo único que me mantiene escribiendo son ustedes.
Y si esta historia les ha hecho sentir algo... ayúdenme a que llegue a quien también lo necesita.
Las quiero. Nos leemos mañana en mis tres horas. ❤️
— El autor de Mi hater favorita