Estimada dama de las letras.
Me atrevo a interrumpir su evidente retiro espiritual (Oh quizá su nueva carrera como escultora de bloqueos creativos) Para recordarle, con toda la educación que me queda, que dejó una historia a medio cocinar.
Espero que la inspiración no se le haya fugado con algún poeta de segunda, porque aquí sus humildes lectores seguimos esperando la continuación de su obra como almas perdidas en el desierto, clamando por una gota de su talento.
Sé que la pluma es pesada cuando la fama acaricia el ego, pero ¿sería mucho pedir que nos regalara una actualización antes de que nuestros huesos se conviertan en polvo y nuestras almas reencarnen en críticos literarios?
No es por presionar, pero si la historia avanza tan lento como su sentido de la puntualidad narrativa, me veré obligado a escribir mi propia versión… y créame, no quiere ver semejante atrocidad manchando su legado.
Con admiración (y una pizca de desesperación),
Un lector que ya leyó la historia más veces que usted la releyó para editarla.