Vomité como si tal acto me limpiara la entrepierna. Me lavé 158
veces con jabón y agua bendita. Fueron
158 las puñaladas, las
sentí mientras me respiraban la nuca. Yo
creo que duró como minuto y medio, pero
se sintió como una muerte entera.
Al día siguiente fui a la
escuela, le solté el dobladillo al
uniforme, desayuné pan con mermelada. En
la clase de historia hablaron de la
conquista.