Ousagi-Chan9
Esto se subió primero al canal de WhatsApp: Un Medimago parte I
Draco odiaba tener conciencia, pero detestaba aún más que esta hubiese despertado para atormentarlo justo después de la guerra. Era asfixiante, insoportable, como si cada pensamiento lo apretara por dentro. Y, sinceramente, ¿quién podría culparlo por no poder dormir en la mansión familiar después de tanta muerte y tortura? Ya nada en ese lugar le resultaba familiar, ni siquiera el aire. Seguir el plan predeterminado para su vida era algo que simplemente no podía hacer.
Tras los juicios, no había mucho que Draco pudiera hacer. Su familia había sido una de las que menos sufrió: el gran héroe de guerra, Harry Potter, había intercedido por ellos, y gracias a su testimonio, sus padres recibieron arresto domiciliario por diez años. A él, por ser menor de edad, lo absolvieron. Para la comunidad mágica, Draco no era más que un niño perdido que no sabía lo que hacía. Pero él sí lo sabía. Había tomado una decisión, y aunque todos prefirieron creer lo contrario, él había puesto en la balanza la vida de sus padres y la seguridad de su escuela. Y, al final, había pesado más la vida. La de su madre, en particular.
Ahora, sin un propósito claro, Draco se encontraba en un limbo. Aún tenía la Mansión Malfoy, pero no quería volver a ella. Podría viajar por el mundo, disfrutar de las fortunas que su familia había acumulado durante generaciones; incluso después de pagar los daños y reparaciones de la guerra, aún quedaba dinero suficiente para sostener el estilo de vida Malfoy por cinco generaciones más. Pero la idea de viajar no le entusiasmaba. Tampoco veía sentido en regresar a Hogwarts, como lo hacían muchos de su año, para completar el último curso que la guerra les había arrebatado. Ni mucho menos hacerse cargo del puesto de Lord Malfoy; no, eso sería problema del Draco del futuro.
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Pero su conciencia —esa maldita conciencia que se negaba a callar— no lo dejaría hacerlo. Era como una voz persistente que lo empujaba a enfrentar lo que había hecho, a reparar, aunque fuera en parte, el daño que había ayudado a causar. Y esa misma voz lo atormentaba más que cualquier maldición.
Estaba decidido. Aquella mañana había empacado lo poco que pensaba llevarse, listo para abandonar la Mansión Malfoy de una vez por todas. Sin embargo, justo cuando planeaba cruzar el umbral, una lechuza descendió frente a él, extendiendo una carta con el sello de cera aún fresco.
A DRACO LUCIUS MALFOY BLACK
Estimado señor Malfoy:
Reciba un cordial saludo del Hospital Saint Magic de París, Francia.
Nos complace informarle que los resultados obtenidos en sus E.X.T.A.S.I.S., particularmente en las áreas de Pociones, Encantamientos, Aritmancia y Defensa Contra las Artes Oscuras, han llamado profundamente la atención de la directora del Departamento de Alquimia.
Por tal motivo, Lady Luxen ha solicitado personalmente que se le reserve un puesto en el registro de estudiantes de Medimagia de nuestra institución, además de ofrecerle la oportunidad de ser su aprendiz directo en el área de Pociones Avanzadas y Alquimia Superior.
Esperamos con interés su respuesta y la confirmación de su aceptación para formalizar su ingreso a nuestro programa de estudios.
Atentamente,
Pennelope Eckra,
Decana de la Facultad de Ciencias,
Hospital Saint Magic – París, Francia.
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Aun así, sabía que debía, de algún modo, recomponer su vida. Intentarlo, al menos. Por eso decidió presentarse a los E.X.T.A.S.I.S. Por su edad, podía hacerlo de manera independiente. Lo hizo sin estudiar, sin ganas, solo por cumplir, como por salir del paso… Y sin embargo, grande fue la sorpresa: obtuvo la puntuación más alta de toda la Inglaterra mágica ese año. Una ironía más del destino: había destacado sin siquiera proponérselo, justo cuando todo lo demás en su vida carecía de sentido.
—¿Y qué se supone que haga con esto? —murmuró para sí mismo, con un dejo de amargura en la voz, mirando el pergamino con sus calificaciones.
Draco empezaba a considerar seriamente la idea de escapar al mundo muggle y desaparecer entre ellos. Podría vivir como uno más, lejos de la magia, de los nombres cargados de historia y de las sombras que lo seguían desde la guerra. Una vida anónima, sin expectativas ni juicios, sin el peso constante de los errores cometidos. Sonaba casi tentador… Casi.
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