MEDITACIÓN DEL EVANGELIO
IV Domingo Ordinario- 1 de febrero de 2026 (CICLO A)
Primera lectura:
Sofonías 2, 3; 3, 12-13
Segunda lectura:
1 Corintios 1, 26-31
LECTURA DEL EVANGELIO DEL DÍA
Mateo 5, 1-12a
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:
"Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos".
REFLEXIÓN:
El belicismo impera en la sociedad judía, pero el Príncipe de la paz realza el papel del débil, del oprimido, como una resistencia física frente al mal; y por qué no, también espiritual. No luchamos contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades y, dejando esto en claro, se recalca que el enemigo no es el prójimo, sino quien lo tienta: Satanás, la serpiente del Génesis. La Palabra de Dios nos llama a perdonar: podemos alcanzar el perdón sin importar cuan grande sea la ofensa, siempre que la confesemos. Y estos son los frutos de santidad que se obtienen en gracia y que el Espíritu nos brinda: porque frente a un mundo donde prima el mal, estas ocho bienaventuranzas son el pan diario del cristiano, un ser miserable que Dios ha escogido como objeto de su Divina Misericordia.