En un futuro muy lejano en BURDEL:
Se subió encima de él rodeando su cintura con las piernas mientras metía la lengua por toda su cavidad bucal.
Cuando al fin se separaron del beso, Alastor bajó sus manos hasta su cinturón empezando a desabrocharlo, pero antes de que siquiera pudiera quitarlo Husk lo paró, tomando sus manos entre las suyas.
––Para.
La sonrisa juguetona de Alastor vaciló por momentos, pero el omega rodó sus ojos y ensanchó su sonrisa, restregándose encima de Husk.
––Vamos, sé que lo quieres, soy muy bueno en esto, déjame enseñartelo.
Con un gruñido el alfa quitó una de sus manos del agarre que tenía en las muñecas del castaño, posándose en su cintura para que no se moviera más.
––Te he dicho que pares.
Al fin la sonrisa se desvaneció, las comisuras de sus labios se tensaron y su ceño se frunció, pero Husk no pudo evitar notar el brillo de dolor que pasó sobre los ojos carmesíes.
––¿Qué te pasa Husk? Pensé que te gustaba.
––Y me gustas, pero no quiero hacer esto.
––¿Por qué no? ¿Es que acaso no quieres pasar un buen rato? Déjame compensarte por el regalo que me has hecho.
––Es que no quiero que me compenses por nada Alastor.
El omega no lo entendía. Le había hecho un regalo. Era su deber compensarle.
––No lo entiendo.
Siempre que le hacían regalos en el burdel era lo mismo, esos regalos eran simples fachadas para conseguir lo que querían, a Alastor bajo ellos, poder tocarle, poder hacerle todas aquellas cosas que tanto repudia.
Pero con Husk sí que quería hacerlas, debía hacerlas, un regalo por otro, ¿no? Esto solo significaba una cosa, que a Husk no le gustaba Alastor de esa manera. Era obvio. Alastor para Husk solo era un proyecto de caridad para que este se sintiera mejor. Al fin y al cabo, ¿a quién en su sano juicio le gustaría un omega usado?
Se sentía patético. A él no le gustaba Husk tampoco, esto solo lo hacía por deber nada más. ¿Entonces por qué tenía unas inmensas ganas de llorar?