El grito de Smoke resonó en la sala, un eco de dolor y traición. El cuerpo del Omega se desplomó al suelo con un golpe seco, y la sangre manchó la piedra bajo su hombro. El orbe de las esencias, que Andry aún sostenía, pulsó con un brillo rojo intenso, como un corazón roto.Omenazo, con el estómago aún dolorido por la patada, se arrodilló junto a Smoke, el machete olvidado a sus pies. La vainilla oscura de su aroma se volvió densa y amarga, teñida de furia y de una culpa abrumadora. Se quitó la chaqueta y la presionó con fuerza sobre la herida, intentando detener la hemorragia, pero la sangre seguía fluyendo.
—¡Smoke, mírame! —dijo Omenazo, su voz quebrándose de la desesperación—. No cierres los ojos, ¿me oyes?
Smoke parpadeó, su rostro pálido y sudoroso, y le sonrió débilmente. —No... no te preocupes por mí.
Andry, con el orbe en la mano, se arrodilló junto a ellos, con el corazón latiendo a mil por hora. Las lágrimas se mezclaron con el polvo en sus mejillas mientras la ayudaba a sostener la chaqueta. Cely, que había estado inmóvil por el terror, se arrastró hasta ellos y soltó un sollozo al ver la sangre. El aroma de su algodón de azúcar se había vuelto completamente neutro, como si su esencia misma hubiera desaparecido.
—Tenemos que irnos de aquí —susurró Andry, su voz ronca por el miedo. —Si uno de ellos nos encontró, los demás no tardarán en llegar.
La luz del orbe parpadeó en su mano, y Andry se dio cuenta de algo. El mapa que su padre le había enseñado a leer no solo mostraba un camino, sino también puntos de referencia. Había un símbolo, el glifo de "El Refugio", a unos cuantos metros de donde estaban. Era una señal de esperanza, un lugar donde podrían estar a salvo.