Tu forma de escribir no solo me atrapó, sino que me empujó a crear. Tus historias más que todo la de élite, me enseñaron que las palabras también pueden tener alma, y gracias a eso comencé a escribir las mías. Me entristece saber que lo dejaste, pero quiero que sepas algo: lo que escribiste sigue vivo, porque encendió algo en los que te leímos. Y eso ya es inmortal