Esto ya no me sirve, pero mejor no lo borro, que yo sé que luego me arrepiento :'P
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Conocía bien a Reaper.
Tan, pero tan bien que creía que era el único que podía manejar el terrible humor que se cargaba todos los días.
Sin embargo, la realidad era otra.
Desde el suelo, escuchó cómo el llanto de Goth se volvió más fuerte. Estaba asustado, y no podía culparlo por sentirse así. Ningún infante debería ver en primera fila cómo su padre le da un puñetazo a su madre, quien encima lleva a su hermano en su vientre.
—¡Dios mío, ya calla a ese estúpido niño! —exclamó Reaper, molesto—. De verdad no lo aguanto, me saca de quicio.
Reaper le lanzó una mirada llena de odio a Goth antes de retirarse de la sala.
Una vez se quedó a solas con su hijo, Geno se levantó con dificultad del suelo para dirigirse hacia él.
—Estoy bien, mi amor.
A pesar de su abultado vientre, cargó al pequeño y lo arrulló entre sus brazos.
—No pasó nada, ¿de acuerdo?
Reaper nunca cambiaría.
Era triste darse cuenta de ese hecho después de pasar tantos años a su lado.
Debió saber cuál era su verdadera naturaleza, o al menos intuirla. Después de todo, estrecharon lazos desde chiquitos. Fueron vecinos, confidentes. Se apoyaron en sus peores momentos, pues nadie más entendía qué era vivir en un hogar abusivo.