Carta a mi gran amigo
No olvidaré tu rostro,
ni la felicidad que me regalabas al llegar,
cuando tus ojos brillaban con la inocencia del juego,
y tu andar era tan firme, tan hermoso,
que nadie dudaba de tu belleza,
nadie dudaba de tu amor.
Te quise demasiado, mi gran amigo,
y en ese cariño puse mi alma.
Quizás por eso duele tanto recordarte,
porque el final no fue el que soñé.
No entiendo qué pasó en tu corazón,
qué sombra te llevó a la agresividad.
Siempre recibiste cariño,
siempre tuviste amor,
y aun así, la vida nos obligó a separarnos.
Muchos te juzgaron,
muchos te odiaron al final…
pero yo no.
Yo lloré tu ausencia,
yo aprendí a perdonarte,
porque en mis recuerdos quedas tú:
el perro feliz,
el amigo leal,
el compañero de mis días.
Te fuiste de una manera cruel,
pero en mi memoria permanecerás limpio,
puro como aquel que corría a saludarme,
con ojos llenos de luz.
Descansa, mi perro amado,
porque yo siempre te querré.