LittleWorm
/ ¿quería estar ahí? claro que no. ¿le gustaban las fiestas? tal vez antes. ¿mataría al uchiha mayor y luego al hermano? por supuesto. no podía creer o más bien, no sabía cómo creer el suceso que los había llevado hasta ahí, en esa maldita casa del equipo de hockey del campus. "vamos a una fiesta de fraternidad, chicos. será divertido para ustedes, les hace falta salir." las palabras de itachi sabían y se escuchaban como un extraño plan, uno que poco a poco yumiko logró comprender cuando miró cierta melena de hebras rubias y orbes azul intenso andar ensimismado en el menor de los uchihas. « ¿En dónde diablos se metió? » pasaba por cada lugar de aquella fraternidad en busca de uno de sus mejores amigos, no logrando encontrar aquellos mechones azabache haciendo que se preocupara aún más. « No entres en pánico, la única diferencia en esta situación es que Uzumaki jamás lastimaría a Sasuke. » la mirada violeta del mayor paseaba en cada persona que estaba, ignorando el bullicio y la música hasta que siente ser jalado por alguien. ni siquiera tuvo algo de tiempo para poder quejarse, preguntar o procesar cuando se siente atrapado en un lugar bastante apretado. las voces de afuera lo hacen entender de inmediato: "¡que comience el reto!" "¡disfruta los 7 minutos grandulón." el pelinegro suelta un quejido sonoro al comprender, golpeando un poco su frente contra la puerta del mueble en dónde había sido atrapado. A la mierda, acabemos con esto. / se gira para buscar quién había sido el idiota que había accedido a ese estúpido juego; arrepintiendose de inmediato cuando sus iris violetas logran distinguir aquellos orbes perlados. una mueca se plasma sobre sus labios. ¿¡De verdad!?, ¡abran la maldita puerta!
LittleWorm
/ aquella pregunta logra sacarlo tan completo de sus casillas, haciendo incluso que su mirada regresara en los orbes perlados del contrario. ¿había escuchado bien?, ¿acaso el idiota que cada que ambos cruzaban miradas y parecía querer asesinarlo, estaba pidiendo permiso, a él?... su cabeza no pudo carburar más las repentinas preguntas que aparecían cuando una vez más la distancia parecía querer desaparecer en los dos. no responde en palabras, opta por simplemente dejarse mover y manipular por el otro hasta sentir aquellos labios sobre los propios. sus luceros se entrecierran un poco, queriendo —dolorosamente— captar al contrario en sus recuerdos mientras su boca se movía a la par que la impropia. su izquierda no tardó en regresar hasta la nuca contraria, enredando con ligera fuerza sus falanges para jalar levemente de los mechones oscuros al otro, inclinando el rostro contrario para poder profundizar aún más el ósculo que parecía más la reclamación por algo que los dos parecían haber estado reprimiendo entre miradas de odio y provocaciones con ira. su lengua se pasa por el inferior del otro, pidiendo permiso para poder ingresar, explorando gustoso la cavidad bucal contraria cuando logra conseguir una afirmativa para continuar. deja que su perforación en su músculo empiece a juguetear con los movimientos que hacía, escuchando solamente los sonidos acuosos que de pronto formaban sus bocas. A–Aprendes rápi–ido. / logra formular con voz ronca, sin separar en ningún momento su boca de la impropia, pues muy en el fondo había descubierto que a pesar de no saber o ser experto el contrario en aquella área, los labios del azabache eran un extraño imán para él que en ese momento solo quería disfrutar.
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/ su boca a pesar de sentir la distancia por un momento sigue la impropia en busca de más, hasta que las palabras del otro lo hacen que su racionalidad regrese a su cuerpo. un leve rubor, que esperaba no se notara dentro de aquel lugar tenuemente oscuro, adornó sus mejillas ante la repentina vergüenza que sintió al comenzar a darse cuenta de lo aventado que fue por no haber calculado adecuadamente las acciones que optó por cometer. « Ah... ahora el imbécil soy yo. » su izquierda suelta la nuca del otro que mantenía aún sobre su palma, teniendo cuidado de no jalar algún mechón que había enredado entre sus falanges. No lo hice por obligación, imbécil. / mordió su lengua al terminar aquella oración, exhalando bruscamente mientras su diestra soltaba por igual el agarre que había mantenido en la muñeca del azabache. su espalda volvió a la madera al inclinar su cuerpo hacia atrás, evitando la mirada del otro en todo momento ahora que la leve culpa por haber seguido aquel pensamiento qué, para su pésima suerte, podría haber disfrutado si la rabia que sentía dejara de mezclarse con la extraña sensación que comenzaba a sentir en su estómago. « Por favor, que esto sea una jodida gastritis. » ¿debería disculparse?, a la mierda ¡no! él nunca se disculpó por aquel día que sus caminos se cruzaron por despistados al vaciarse sus vasos de café. sus manos volvieron a pasar por su rostro hasta terminar en sus hebras, jalando un poco de estas. su cabeza se recargó sobre la madera tras de él, dejando que sus iris violetas miraran hacia arriba como si aquel lugar fuera más interesante que el repentino galope que su corazón comenzaba.
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LittleWorm
Tienes el ego tan alto ¿y no sabes dar un maldito beso? / una risa vacía pero con un toque ironía brota de su garganta, dejando sus palmas aún sobre su cara. De todos los idiotas del campus debías ser tú. / se queja de nuevo, haciendo como pudo su cuerpo hacia un lado para que el contrario intentara, sin resultado alguno, lo que él ya había hecho. Pedazo de imbécil, que no viste que intenté lo mismo. / enarca una ceja, dirigiendo sus iris violetas hasta el otro qué, para su mala suerte, estaba demasiado cerca. su diestra busca su propio móvil, intentando sin éxito mandar mensajes al uchiha menor. un suspiro frustrado sale de él, guardando con coraje el dispositivo al ver que faltaban aún cinco malditos minutos. el tiempo parecía pasar tan lento que por un momento la idea de unir sus labios contra los del jugador no sonaba tan mal si deseaba salir ahí lo más pronto posible. « Has besado a peores, Yumiko. » muerde el interior de sus mejilla, sus falanges se cierran y abren mientras siente pasar ahora los segundos aún más lentos desde que esa estúpida idea cruzó por su cabeza. Mierda... espero seas de los que aprenden rápido. / antes de que todo su ser se arrepintiera lleva su diestra hasta la muñeca del contrario para tomarla y jalarlo; su izquierda viaja hasta la nuca del otro, enredando algunos mechones entre sus dedos para así, sin pensar más de lo necesario, poder acercarse hasta unir sus labios contra los impropios. una extraña sensación eléctrica recorre su columna al iniciar un vaivén lento con sus belfos, enseñando al de orbes perlados cómo iniciar lentos movimientos para poder mantener el ritmo del ósculo.
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