/ el líquido ligeramente espeso cayó en gran parte de su rostro, ignorando por completo que no solamente su sudadera ahora estaba manchada, sino ya gran parte de sus prendas superiores eran un caos total, pero ni eso había hecho enojar tanto al azabache, al contrario, fue el incentivo necesario para colmar la poca paciencia que manejaba en ese día. su lengua se paseó sobre uno de los chorros de café que se deslizaba cerca de sus labios. sus orbes violetas se mantuvieron fijos en los luceros perlados del otro. el apodo usado para referirse a él logró por terminar de llenar su propio vaso que lideraba su cordura. respiró hondo, ignorando la voz más delicada y pequeña dentro de su cabeza para así sostener al contrario de la tela de su camisa, logrando tumbarlo sin tanta dificultad hasta el suelo para así quedarse él encima de este, dejando que su peso lo acorralara al momento de quedar a horcajadas del contrario. ¿Ustedes no saben pedir disculpas cuando chocan por accidente con otras personas, verdad? / el tono de su voz no lograba encajar con los gestos "serenos" pero fríos plasmados en su rostro, sus manos seguían apretando bruscamente la tela de aquella camisa, apegandolo hasta quedar milímetros de su rostro, sintiendo incluso la asquerosa respiración caliente del otro. Vuelve a decirme princesa y te juro que no jugarás hasta dentro de dos temporadas. / de un empujón soltó el agarre de sus manos en las prendas contrarias, dejando que este se estampara apenas un poco en la loza. entre maldiciones bajas se levantó de donde estaba, quitando la sudadera manchada para fijarse en el desastre café que tenía en su camisa también. su cabeza cayó ligeramente hacia atrás mientras se quejaba, quitando por igual la última prenda superior que lo tapaba. Imbécil. / masculló como último, sus iris violetas miraron la camisa para nada manchada del contrario. Dame tu maldita camisa.