Es la primera vez que pienso seriamente en eso que no debería de hacer. De qué, literalmente, pensé ¿En donde se quedarían mis cosas, qué harían con ellas? ¿Quién cuidaría a mi gata? ¿Quién se quedaría con mi ropa? ¿Qué harían con mi cuerpo? ¿Qué pasaría con todas las historias que no he terminado o empezado? ¿Qué pasaría con mis redes sociales? ¿Qué pensaría mi jefa de trabajo, a quien contrataría? ¿Qué pensarían los amigos que llegué a tener? ¿Alguien me extrañaría? ¿Qué pasaría con mi boleto para el concierto? ¿La música que espero por escuchar, me esperaría a mi? ¿Quién usaría mis pines, mis mochilas, mis bolas? ¿Quién usaría mi bote de agua? ¿Quién se quedaría con mis libros y revistas? ¿Qué pasaría, realmente, sí lo hago ya? Lo pensé con tanta claridad y decisión que por un momento estuve a punto de hacerlo pero entonces me puse a pensar que pasaría con mis cosas y decidí que primero debo encontrarle a todo un lugar, para dejarlo todo ordenado.