Siete_Puentes

El Cristo del pueblo.
          	
          	Tardaron una semana en construir el Cristo a la entrada del pueblo. Llevaba veinte años de pie, pero solo unos pocos advirtieron el cambio a su alrededor.
          	
          	No eran los colores desteñidos por el calor y la tierra del campo; tampoco las flores que se marchitaban constantemente, ni la placa de metal oxidada por el tiempo.
          	
          	Era el mismo Cristo, que año tras año giraba la cabeza hacia el pueblo mientras su sonrisa se amplía día a día.
          	

Siete_Puentes

El Cristo del pueblo.
          
          Tardaron una semana en construir el Cristo a la entrada del pueblo. Llevaba veinte años de pie, pero solo unos pocos advirtieron el cambio a su alrededor.
          
          No eran los colores desteñidos por el calor y la tierra del campo; tampoco las flores que se marchitaban constantemente, ni la placa de metal oxidada por el tiempo.
          
          Era el mismo Cristo, que año tras año giraba la cabeza hacia el pueblo mientras su sonrisa se amplía día a día.
          

Siete_Puentes

El egoísmo del veneno. (Microcuento)
          
          —Todo puede ser veneno... Solo depende de la dosis —murmuró la mujer con una amplia sonrisa. Acababa de beber del mismo vino que compartió con su esposo y la amante de este; ambos yacían ya con la piel blanca por la falta de oxígeno.
          
          Ella aún sentía el cosquilleo del veneno en la lengua, pero seguía de pie.
          
          —Tu egoísmo... Ese deseo de siempre quererlo todo —La mujer negó con la cabeza—. Siempre me dejas las migas. Esta vez, tu avaricia me salvó la vida.