SoyEmmaBarton
Probablemente sea imprudente mandarte esta carta, pero dime, ¿cuándo no lo fuimos? Han pasado demasiados años —seis, para ser exactos— y sigo aquí. La nostalgia oscureció mi corazón al grado en el que me nubla la vista con memorias de ti. Soy inmadura por arruinar un cero contacto después de tanto tiempo, pero la verdad es que me dejó de importar. Me tragué el vaso derramado de sentimientos muchas veces y ya estoy cansada de seguir haciéndolo.
Nicholas Stark, jamás tuvimos una despedida como se debía. El adiós se nos adelantó antes que las palabras pudieran salir y la ausencia nos ahogó antes de que las acciones pudieran ser. Y tal vez por eso aún recaigo con la memoria de tu presencia. Estás lejos, lo has estado, y probablemente lo estarás, durante más tiempo; y aún así, te siento cerca. Es la frescura de tu aliento, o lo fugaz de tus miradas quien te mantiene vivo. Y resulta estúpido porque todo se estanca en mi cabeza; tu aroma no es real, tus ojos no son reales y tu presencia mucho menos lo es.
Hace mucho tiempo dejaron de serlo.
No te conozco y no me conoces. No sé tus nuevos hábitos, tu nueva colonia o tus nuevos calcetines preferidos, pero sé que alguna vez lo supe, y tal vez se lo deba a la Emma y al Nick de hace siete años. A los que eran mejores amigos y se conocían hasta el último pelo del cuerpo, al par de jóvenes tontos que desconocían sobre los paraderos de la vida y que juraban promesas que ninguno de los dos pudieron cumplir. No te culpo por nada, ni tampoco me culpo a mí, no porque no sienta culpa, sino porque el pasado no se lo merece.
SoyEmmaBarton
Es curioso como la vida pasa y las memorias no se alejan. Algunas se olvidan, sí, pero las importantes se quedan tal cicatriz queloide que de vez en cuando pica y duele. Tú picas y dueles de vez en cuando. En las noches cuando la oscuridad de la habitación me abraza y la nostalgia me traiciona. En los días donde camino por la calle y escucho a lo lejos las ruidosas risas de lo que alguna vez fue. En la cama cuando el frío trata de acurrucar una cabeza que no se permite olvidar. Y por supuesto, dueles en cada persona que se cruza en mi vida.
Soy egoísta al escribirte esto, pero después de tantos años siendo una mujer inocente con el corazón roto, me merezco ser egoísta por una vez en mi vida. Tardé, pero descubrí que la única persona que podía cuidar de mis cicatrices era yo misma. Y te agradezco, porque tu ausencia y la soledad que dejó, fue la que me enseñó a tenerme a mí.
Nicholas. Nick. Gracias. Si alguna vez nos encontramos, me alegrará saber que estás bien, que vives tu vida junto a personas que te convirtieron en una mejor persona. Y si nunca lo hacemos, que sepas que nunca te dejo de pensar.
—E.
•
Reply