—¿Es cierto?
Por un instante, solo un instante, los dedos de Cassandra se cerraron ligeramente sobre la tela de su vestido. Luego se relajaron de nuevo.
—Sí —respondió sin apartar la vista del campo detrás de Valarr—. Le di mi favor a un caballero errante.
Valarr sintió un golpe sordo en el pecho, no de ira exactamente, sino de algo más confuso y amargo. Durante un año entero ella había preparado ese mismo favor una y otra vez, esperando que él se lo pidiera. Él nunca lo había hecho. Ni una sola vez.
Había sonreído, había agradecido sus regalos con cortesía, y había seguido adelante como si aquellos gestos no significaran nada.
Y ahora se lo había dado a un desconocido.
A un caballero errante.
A un hombre que ni siquiera tenía un señor.
Valarr abrió la boca, pero las palabras se le atragantaron. Quiso preguntarle por qué. Quiso recordarle que era su esposa, que llevaba a su hijo, que había un protocolo, una dignidad, unas apariencias que mantener. Pero todo eso sonaba vacío incluso dentro de su propia cabeza.
Porque él sabía la respuesta. La había visto venir desde el día en que ella dejó el pañuelo del ciervo y el dragón abandonado en la tierra del patio.
Había dejado de esperar.
—¿Lo conoces? —preguntó al fin, y su voz sonó más áspera de lo que pretendía.
Cassandra giró ligeramente el rostro hacia él. Sus ojos grises no mostraban temor ni arrepentimiento.
—No —dijo—. Pero no necesito conocer a alguien. Lo único que me importa es que el lo honrará, a diferencia de otras personas
Luego de varios meses salí por fin de mi bloqueo escritor. Llevo varios dias trabajando en este relato, tiene 15.000 palabras y estoy viendo si agregarle mas. Diganme si lo esperan