¿‘Cursi’, dice usted? Quizá mi lenguaje conserva la educación que ciertos individuos, más inclinados a la brutalidad que a la civilidad, han descuidado en favor de la grosería. Naturalmente, confío en que no interprete mis palabras como un desaire hacia su persona. Y en cuanto a… aquello otro: no sabría imaginar deleite alguno en el consumo de roedores exánimes. Le sorprenderá saber que mi dieta, gracias a la civilización, permanece libre de tales excentricidades hematófagas. Permitidme presentarme como es debido: Dr. Henry Jekyll, hombre de ciencia y cirujano de sociedad respetable. Y usted, señor Abaddon, parece hablar con una franqueza que roza lo bárbaro. Diga usted ¿acaso su cortesía murió junto con la ardilla que tan ‘amablemente’ me ofreció?