Guarda tu ironía y tus palabras poéticas para los maestres, hija. No hay nada de maestría en la desidia de Daeron; solo hay una jarra de vino vacía y una vergüenza que parece no tener fin. Él sabe dónde debe estar, y si no aparece pronto, lo hará traer encadenado a mi presencia. Respecto a Aegon, que te baste saber que está cumpliendo con su deber, lejos de la comodidad de la corte que tanto parece ablandar a tus hermanos. No me hagas perder más el tiempo con preguntas cuyas respuestas no cambiarán la falta de carácter de esta familia. Vuelve a tus quehaceres.