Eso no debería haberte importado, Afrodita. Los otros Dioses han hecho cosas peores y para mí no había vergüenza en amarte, por eso soporté todo por ti y te traté mejor que a mí mismo, pero al final nada valió la pena. Si querías darme un golpe intenso entonces te felicito por lograrlo, nuevamente me confirmaste que eres la única mujer capaz de lastimarme tanto. ¿Entenderlo? Lo hago, créeme, pero me jode saber que tienes razón en decir que ambos salimos perdiendo; es malditamente humillante tener que reconocer que nuestros esfuerzos nunca serán suficientes porque siempre voy a querer más de lo que puedes darme y tú siempre querrás un amor incondicional, mucho más de lo que puedo darte. Si tan sólo no fuéramos tan codiciosos y egoístas no estaríamos condenados a ser efímeros, ahora tendré que devolverte ese corazón tuyo que me entregaste.