Desde que tiene memoria tuvo un sueño recurrente, todo transcurre en el mismo bosque en donde vive, puede oír el respirar de los árboles bajo sus pies y ver entre la oscuridad una figura extraña que lo quiere perseguir y él siempre intenta escapar. Eso no era más que un sueño hasta que cumplió sus quince años cuando el monstruo pareció atravesar las paredes de lo irreal, logrando despertarlo de su sueño; al abrir sus ojos pudo ver su figura acercarse, recuerda la manera en que corrió lo más rápido que sus piernas le permitieron intentando llegar a aquella cabaña que era su hogar. No estaba listo para algo así, solo cerró sus ojos por unos instantes esperando su destino que jamás llegó puesto a que un sátiro lo protegió de las garras de aquel ser. Todo ocurrió demasiado rápido, de un momento a otro no tenía opción, se debía ir de su hogar a un campamento desconocido con personas desconocidas y dejar a su madre sola; el primer tiempo todo alrededor de Aethyriel parecía dejar de moverse, un aura de tristeza lo rodeaba, se alejaba de los demás y apenas hablaba. Todo fue así hasta que fue reclamado, como si tuviera un nuevo impulso por ser él mismo y hacer que su madre se sintiera orgullosa.
En el campamento descubrió mejor su naturaleza puesto que jamás había tenido indicios claros de ser un semidios, fue reclamado por Hypnos tras una noche en la que accidentalmente entró en los sueños de los demás campistas, a partir de ese momento algunas habilidades se fueron desarrollando, puede entrar voluntariamente a los sueños de los demás descubriendo sus deseos más profundos, sentimientos, anhelos o secretos que guardan hasta de sí mismos. Además, algo propio de su manera tranquila de ser, puede ayudar los demás a descansar con solo una mirada, un suave toque o unas cuantas palabras.