Me tomé una siesta, adivinaste. De lo contrario, te juro que estaría durmiéndome en tu hombro o, peor aún, en el suelo. Soy propenso a quedarme dormido en CUALQUIER lugar; no te miento, una vez me quedé dormido en clase de Quidditch. Ah, esto es diferente. Tú no me estás arrebatando mis horas de sueño, yo estoy aquí por decisión propia, así que no eres un ladrón de sueños de momento, Xander... ¿Puedo llamarte así? No se me ocurre otro apodo para ti; creo que tu nombre no deja espacio para muchos. No entendí nada de lo que dijiste, apenas sé un poco de italiano; francés ni en mis más grandes sueños aprenderé. Nuevamente, ¡era un halago! Quiero decir, ser anémico no es algo bueno, pero… Mira, ya me enredé, mejor no hablo más o terminaré diciendo estupideces. Rubio, ojos azules, chillón y gruñón... Creo que es una buena descripción de mí, no te diré nada al respecto, tonto anémico, quiero decir, chico estrella. Ah, ¿entonces por eso mismo no puedes dormir, verdad? Por la ansiedad, tiene sentido. ¿Ves a mi mamá por aquí? No, ¿verdad? Pásame uno, Xander. Siempre quise saber cuál era el chiste y por qué los cigarrillos tienen adictos a tantos.