Tan bien como un príncipe proscrito puede estar, Su Gracia. Las Ciudades Libres fueron dóciles, pero el dragón siempre regresa a su hogar. Vuestro perdón casi se adelantó a mi propia voluntad, los Segundos Hijos me aburrían y aquí dejé asuntos que no admiten más demora. Confío en que vuestro reinado haya sido eficiente. Supe de la muerte de mi abuelo entre mercenarios, y como no fui convocado a la Capital, asumí que mi presencia no era extrañada... o que vuestro Consejo prefería mi acero en la distancia.