Con apenas veinte —acercándose a los veintiún— su nombre ya es reconocido dentro del circuito juvenil e internacional del polo. Ha participado en torneos en Estados Unidos y el Reino Unido, convirtiéndose en una figura recurrente dentro del llamado “nuevo polo americano”. Su presencia, carisma y estética lo llevaron más allá del deporte: marcas de lujo lo buscan como embajador, revistas de estilo de vida lo incluyen como uno de los rostros jóvenes más visibles del jet set deportivo. No es solo un Van Alcott; es alguien que vende una imagen completa de control, privilegio y riesgo calculado.
La relación con su hermano mayor, Aaren, está marcada por el contraste. Mientras uno carga silenciosamente con expectativas heredadas, el otro vive expuesto al mundo. Basil admira la estabilidad y el autocontrol de Aaren, aunque rara vez lo expresa; Aaren, por su parte, suele ser el punto de equilibrio cuando Basil avanza demasiado rápido. No son rivales, pero tampoco iguales: representan dos formas distintas de sobrevivir al mismo apellido.