Clark tenía varias costumbres peculiares, pero quizá la más extraña —o la más preocupante, dependiendo de a quién se le preguntara— era su tendencia a entrar sin permiso en las casas de las personas que apreciaba. Y Bruce, por supuesto, jamás iba a ser la excepción.
Con el tiempo, Alfred había dejado de sorprenderse. Ya no levantaba una ceja cuando encontraba una ventana abierta en mitad de la noche ni preguntaba cómo demonios Clark había llegado hasta el segundo piso sin hacer un solo ruido. A esas alturas, simplemente suspiraba con resignación, le indicaba dónde estaba Bruce y continuaba con sus tareas como si un kryptoniano colándose en la mansión fuera parte perfectamente normal de la rutina diaria.
Clark atravesó el pasillo con pasos silenciosos, siguiendo las indicaciones de Alfred hasta una de las habitaciones del ala este. La puerta estaba entreabierta y una tenue luz escapaba desde el interior.
⋅ ⋅ ─── ¿Bruce? — llamó, asomando apenas la cabeza por la abertura.
Podría encontrarlo fácilmente si quisiera. Bastaría con concentrarse un poco: escuchar el ritmo constante de un corazón humano entre los cientos que latían en el mundo, distinguir su respiración entre el silencio de la noche. Era absurdamente sencillo para él.
Pero no quería ser tan invasivo.
: clark: no quiero ser invasivo
also clark: * le invade la casa *