—Lo siento enano, apenas y recuerdo mi propio nombre.
Soltó una risa inherente, busca algo en su físico que rechace la idea absoluta de que fuera suyo. No hay mucha probabilidad. Aunque Jason así lo quisiera, los orbes ajenos ya son suficientes para provocarle una arcada, que tragó.
—Mira, mocoso, sí quieres que te adopte solo dilo. No hace falta... Irrumpir así.
Sus dedos vuelven a temblar, mientras traga pesado, parpadea buscando quitarse el mareo que le choca de golpe. Da un paso hacia atrás.
—Tu madre. —Dice, sin darle lugar a una pregunta firme. — Dime.