— De vez en cuánto el forcejeo entre ambos decae porque mantener el ritmo era como combatir una guerra sin final, pero se hacía presente un golpe tan hueco que era como si el mismo estuviera contra la pared sin embargo fue ese último oleaje de embestidas qué lo llevo a su agotamiento que tan pronto podía recuperarse se queda a refregar en ese canal femenino para que momento más tarde saliera de ahí. Apropiandose de si mismo aquel cárnico tronco que sigue auto complacenciendo hasta echar encima de esas piernas todo aquel espeso charco, uno tan abrupto que podía batirse hasta caer al suelo formando una abundante evidencia de su encuentro.— Carajo.. — Toma una poco de eso con la punta para volver a sumergirse a la par que como quiso despojo ese vestido de su encima. En el pasillo se hayaba una manzana mordisqueada que rodó por la penumbra, ese pasillo obscuro que daba hacia la habitación más cercana. Ahí se obliga a si mismo a responder aún con el acelerar de sus latidos, aun cuando había terminado de vaciarse.— Vamos a nuestra habitación cariño.. — era cierto que iban a trasnochar juntos, quizás tendrían deshidratacion más tarde y por la mañana un dolor muscular igual que una tortura como lo fue no contar con ella todo ese tiempo. No quería frenarse a nada por lo que al cargarla de frente a él, si, mantenia la conexión de su mirada con la suya. Entonces la arrastra por esas paredes hasta quedar a una altura en la que ella podía descansar sus piernas encima de sus hombros. Estaba a nada de probar su interior, ese que ni un bello púbico habitaba más bien era expuesto y con labios demasiado cortos, empapados, tan pronto se volverían un mar al mezclar su lengua concentrado en un labor eficiente en el que circula esa lengua.— Me sigues sabiendo tan bien.. — una voz gruesa se encerró entre esas piernas como si fuese un eco, altavoz que llegaba hasta sus oídos.