──Llevaba casi una semana en aquel pueblo siguiendo el rastro de un vampiro que había dejado tres víctimas en menos de un mes. Había hablado con los familiares, revisado las cámaras de seguridad y seguido las pocas pistas que tenía hasta llegar a una casa en las afueras, donde supuestamente vivía una mujer que coincidía con la descripción dada por varios testigos. Esperó hasta entrada la noche antes de acercarse, pero, en lugar de encontrar un nido lleno de cadáveres, solo encontró a la pelirroja entrando a la casa con una bolsa de sangre en las manos. El rubio frunció el ceño y esperó unos minutos antes de entrar detrás de ella, manteniendo su arma preparada.── Sé que estás ahí. ──Dijo, mirando alrededor de la habitación.── Y antes de que intentes negar cualquier cosa, ya sé lo que eres. ──Sacó una fotografía de una de las víctimas y la dejó cautelosamente sobre la mesa.── Tres personas muertas, todas con marcas de mordidas y completamente drenadas. Y tú apareces cerca de cada una de las escenas. ──Añadió, manteniéndose alerta por si la mujer aparecía.──