Cuando el ruido ajeno invade tu calma, retírate un instante hacia dentro; acepta que no todos caminan tu ritmo y permite que una chispa de lucidez ordene tus emociones, porque la paz interior no pide permiso ni testigos.
Cuando el ruido ajeno invade tu calma, retírate un instante hacia dentro; acepta que no todos caminan tu ritmo y permite que una chispa de lucidez ordene tus emociones, porque la paz interior no pide permiso ni testigos.