Pasé estas madrugadas escuchando a cierta banda que solía ser de tus favoritas, buscando entre sus canciones la más idónea para dedicarte. Recuerdo una de nuestras primeras conversaciones sobre la cotidiana teoría del hilo rojo, esa que habla sobre conexiones de almas que marcan un antes y un después en tu vida. Y no estaba equivocado lo que sentíamos desde ese entonces, muchas personas han intentado entrometerse y situaciones propias nos han distanciado, pero aun así, se mantiene lo inquebrantable de nuestro vínculo, ese que es capaz de hacer todo por salvar o querer el bienestar de otro incluso cuando no sabe cómo, guardando en la memoria cada recuerdo como si fueran un millón de fotografías imposibles de olvidar. Incluso en los momentos difíciles, o en aquellos otros en los que no quisiéramos saber del otro, aun ahí, sigue latiendo ese mismo sentimiento que, por más que pase el tiempo, siempre encuentra la forma de quedarse, porque al final, siempre estaremos del otro extremo del hilo.