Mi otra prima querida, Daenera. ¡Bienvenida! Déjame decirte que te hallas radiante ante mis ojos. Y qué lujosa tu vestimenta, que revela un gusto refinado y atento a la elegancia que, sospecho, siempre has cultivado. Sin duda, habrá llegado el momento en que debas instruirme en los secretos de tal arte, ¿no es cierto, prima? Te ruego que digas que sí, me dolería demasiado un “no” como respuesta.