────Alfred lo observó con quietud, su postura recta pero sin rigidez, como si su sola presencia ofreciera refugio. No apresuró las palabras. Primero se acercó y colocó una mano serena sobre el hombro de Damian, no para calmarlo, sino para recordarle que no estaba solo.
—Ha soportado tanto desde una edad en la que debía conocer consuelo, no combate. Usted no eligió esa carga, pero ha aprendido a caminar con ella, incluso cuando todos esperan que no tropiece.
────Su voz era templada, sin dramatismos, con el peso de quien ha visto mucho y aún cree en la bondad que queda.
—No está hecho de sombra. Está hecho de voluntad. Lo que siente, lo que teme, habla de alguien que intenta construir algo distinto. Y eso no lo minimiza... lo define.
────Se inclinó un poco, acercándose como lo haría con alguien que necesita algo más que una respuesta: una certeza.
—Esa niña no viene a tomar su lugar. Usted lo forjó con cicatrices que no deben repetirse. Su dolor es válido, joven maestro. Sentir no es rendirse. Es permitirse existir.
────Soltó el hombro con cuidado, dejando espacio sin soltar el vínculo.
—Buscar quién es puede parecer una tarea infinita. Pero que lo intente ya lo convierte en algo más que el reflejo que otros intentaron imponerle. Usted está escribiendo su nombre, no heredándolo. Tal cosa merece respeto.
────Alfred dio un paso atrás y se mantuvo cerca. No había respuestas absolutas, pero sí la promesa silenciosa de que, con él, nunca estaría del todo perdido.
(@SoyDamianWayneDCR)