Lo prometo, y lo entiendo... Pero no puedes irte por ahí sola mucho tiempo, no se sabe el peligro que puede haber en las calles, junto a el tipo de personas que hay en ellas. — un sonido entre una risa y un gruñido escapó sus labios ante el puchero de la rubia, pareciéndole completamente tierno el como sus mejillas se inflaban en un acto de verse decepcionada.
Si piensas que voy a dejarte ir tan fácil, estás equivocada. No tengo una rutina o algo por el estilo fuera del trabajo, de hecho, comencé a tomar té por la tarde cuando te conocí; mis hábitos han nacido con tu llegada, no hay nada que haga fuera de tu compañía. — desviando la mirada por un momento, sus labios se fruncieron en una línea recta, habiendo "compartido mucho" de lo que realmente había pensado.
Jamás pensé en tener una familia, de hecho, así que dudo tener a alguien a quién dejarle este obsequio como reliquia familiar.