SoyEris

Me aburro

Phaness

Eris, pequeña discordia, bienvenida a estos lugares. ¿También recibiste ese extraño mensaje? 

Phaness

Pero si apenas han pasado algunos años, no soy tan viejo... o al menos trato de no parecerlo —una risa emergió de sus labios, bajando de sus brazos con delicadeza a la diosa—. ¿Lo notaste?, me volví un poco vanidoso con mi aspecto físico. Aunque si hablamos de belleza, la tuya jamás sufre el pasar del tiempo, y hasta me atrevo a decir, que aumenta cada día más. 
Balas

Phaness

Ah... eh... —él solo abre los brazos, atrapando a la joven en un fuerte abrazo, alzandola ligeramente del suelo—. ¿De verdad?, en ese caso, ya somos dos. Aunque me alegra mucho verte de nuevo. 
Balas

GoddessHera-

Contigo y Himeros aquí, se nota que el Olimpo estará movido un buen rato. Aún así, bienvenida seas.

GoddessHera-

/la manzana no cayó al suelo. Se detuvo en el aire, suspendida por un instante incómodo, antes de deshacerse en ceniza—. No. —la voz de Hera fue tranquila, casi aburrida—. No repito palabras para quien solo sabe bostezar cuando no entiende algo tan básico. —sus ojos se alzaron hacia Eris, lentos, precisos—.
            Siempre tan fiel a tu naturaleza… lanzar objetos, huir después y llamar cita a lo que no es más que otra interrupción pasajera. La discordia nunca se queda a enfrentar lo que provoca. Y qué ingeniosa tu manzana. La última vez que usaste una, desataste una guerra. Supongo que es lo más cerca que has estado de ser relevante sin colarte donde no te llaman. Te daré un consejo, ya que dices ser tan amiga: no confundas mi paciencia con ceguera. Ve a tu cita. Las cosas fugaces siempre tienen prisa.
Balas

GoddessHera-

¿Ofenderte?. Eris, para eso necesitaría concederte una importancia que no tienes. Dices que nunca me hiciste nada malo… y lo crees. Esa es tu mayor carencia: ni siquiera comprendes el daño que dejas a tu paso. El caos siempre se excusa llamándose inocente. —una sonrisa mínima, fría—. Y qué entrañable que cites a los mortales. Sueles hacerlo cuando te quedas sin ingenio propio. Pero dime, ¿a cuántos de ellos has visto envejecer con dignidad? No es una experiencia que te resulte familiar. Mi esposo está donde siempre ha estado: en el lugar que le corresponde. Tranquilo no, Eris. Los tronos no son para el descanso, son para el peso. Algo que tú nunca has sostenido. Y si buscas provocarme nombrándolo, llegas tarde. Así que mide tus palabras. El desorden puede permitirse bromas. La discordia, no siempre sobrevive a ellas.
Balas

GoddessHera-

¿Amiga? —repitió despacio—. Eris, tú y esa palabra nunca han sabido convivir. Agradezco tu preocupación, aunque resulta entrañador que alguien cuya esencia es el desgaste y la discordia pretenda dar lecciones de cuidado. —inclinó apenas la cabeza, falsa cortesía—.
            Las cremas suavizan la piel, querida. Pero no corrigen el caos, ni ocultan la podredumbre de quien vive de sembrarla, así que tan excelentes dudo que lo sean.
Balas