。 ˚。 Evan supo desde siempre que no habría manera de que su energética, apasionada y alborotadora persona, con un amor incondicional por la música, pudiera dedicarse a algo como lo era la gestión de un negocio familiar, y se aseguró de que su padre, lo supiera desde el minuto uno. Esto causaba que en su hogar se sintiera en una constante tensión, una atmósfera asfixiante que Evan pretendía ignorar.
。 ˚。 Llegado el punto de quiebre, cuando una pelea con su padre acabó saliéndose de las manos a tal punto en el que casi acababa siendo física, el joven tuvo que tomar una decisión: por un lado, podía seguir viviendo bajo el techo de alguien que, aunque jamás sería capaz de odiar, no planeaba acompañarlo en su camino, o por otro lado, podía simplemente marcharse. Por supuesto, esta vez eligió su propio camino. Para conseguir esto, Evan vendió su batería, un instrumento tan ruidoso como él, que rugía con la misma intensidad que su alma, que ayudaba a callar cualquier ruido, cualquier voz que lo obligara a echarse para atrás, y que lo había acompañado durante años, pero que ahora le daría algo de dinero que podría ayudarlo a subsistir hasta encontrar una nueva fuente de ingresos
。 ˚。 Pasó de trabajo en trabajo innumerables veces, desde trabajos mal pagados hasta jornadas que parecían no tener fin, y todo con tal de tener lo suficiente para asegurarse de tener un techo al final del día.
。 ˚。 Con el tiempo, su situación económica remontó. Trabajaba en una cervecería con escenario libre donde, de vez en cuando, bandas locales venían a mover el ambiente. Era perfecto, una jornada aceptable con un sueldo que sustentaba desde sus necesidades básicas hasta sus caprichos, además de ser un empleado bastante querido en el local gracias a su carisma y servicialidad. Sin embargo, algo faltaba. Este camino había comenzado por una razón.