—el deleite vino cuando la vibración de su risa hizo que la piel hiciera contacto con sus labios, Eddie lo sintió como una permisiva que le dejaba ir más allá de los límites que Waylon anteriormente le hubiera impuesto. Sus manos, traviesas, inquietas, se deslizaron por la ropa, alcanzando la piel tersa, suave y un poco reseca, pero que para él era la más fina tela de lino que jamás hubiera tocado—. no te voy a dejar, jamás te dejaré —prometió cual mantra, y no se alejo, sus brazos se aferraron al cuerpo a su merced y del cual, ya era dueño, su lengua salió, humedeciendo primero sus labios y después, trazando la línea de la yugular sobre la piel de su cuello— tan perfecta para mí, mi esposa —sus manos tomaron ahora su cadera, casi tocándose entre ellas debido a su tamaño y a las proporciones de Waylon, algo que sin duda prendía una mecha en lo mas profundo de Eddie que estaba esperando para estallar— te amo, te amo, te amo...