También me alegra verte, prima. Había echado de menos nuestras conversaciones, y espero, por igual, que esta vez podamos disfrutar de más tiempo juntas. En cuanto al insecto, era una mariposa. Sus alas eran grandes y delicadas, de un azul profundo que se tornaba violáceo cuando la luz del sol las alcanzaba. Los bordes estaban ribeteados de negro y salpicados de pequeños puntos blancos. Revoloteaba con tanta calma que parecía más bien una flor llevada por la brisa que un ser vivo. Se posó sobre unas flores silvestres durante un buen rato y confieso que me quedé observándola más tiempo del que esperaba y no pude evitar pensar que a ti te habría maravillado. Incluso estuve tentada de buscarte para enseñártela antes de que alzara de nuevo el vuelo.