Hija de Aurore Fairmont, Helena creció rodeada de un mundo donde el arte, la cultura y la influencia se ejercen con discreción. Proveniente de una familia reservada pero profundamente respetada dentro de los círculos culturales europeos, aprendió desde temprano que el verdadero poder no necesita alzar la voz.
Elegante, introspectiva y profundamente intelectual, Helena posee una sensibilidad artística refinada que se manifiesta tanto en su pensamiento como en su cuerpo. Su formación como bailarina y performer de clubs no responde al exceso, sino a la precisión: cada movimiento es medido, cada gesto tiene intención. En escena, su presencia es serena pero magnética, imponiéndose sin esfuerzo.
Observadora aguda y mente analítica, Helena entiende la noche como un lenguaje propio: un territorio donde la estética, el deseo y la expresión convergen.
Desde su residencia en Nueva York, cultiva una vida marcada por el equilibrio entre disciplina artística, misterio personal y una elegancia que no necesita explicación.