— Tienes absolutamente todita la razón, la gente mala siempre buscará el modo de aprovecharse de los demás... Y encima capaz y me culpan por ser ciega. — Se quejó, riendo posteriormente con ligereza.
— A..Alek. — El nombre del pelirrojo salió en un susurro de sus labios, sorprendida por sus palabras a la par de que su pálido rostro ardía como jamás lo había sentido. Con las emociones rebosantes, Emma había colocado una de sus manos en el torso del más alto, dejándole suaves caricias que más bien buscaban su propia calma. — Yo tampoco hago algo fuera de tu compañía, ¿sabes? Me gusta nuestra dinámica en casa, las actividades diarias y la hora del té es una de mis favoritas. Siendo honesta, podrían pasar siglos y seguiría encantada con la rutina que tenemos. — Inconsciente de la reacción que el hombre poseía ante su propio hablar, decidió recostar la cabecita en él, supirando con ligereza.
Yo he pensado en dejarle las cosas a mis sobrinos. No tengo, pero alguna de mis hermanas seguro que se casa y tiene hijos. Podrías dejarle las cosas a la posible descendencia de Beth... O mejor, buscamos un futuro sobrino mío para prestarte.