Previo a entregarte la explicación del por qué de mi elección o mi palabrerío, quiero tomarme el tiempo de agradecerte por cederme una pieza con tanto valor. Prometo que atesoraré aquella espada tanto como las propias y le daré un uso honesto. O han honesto como puede ser para nosotros.
Hola, Toshi, ¿sabías que tú eres una de las mías? Desde el primer momento, honestamente. Y no ha cambiado ni un poco. Por ello, te cedo uno de los objetos más invaluables y significativos para mí, porque sé que estará a salvo en tus manos. Es el reloj de bolsillo que me acompaña a todos lados, pese a que dejó de funcionar años atrás. El día que falleció mi padre, de hecho. No te daré advertencias ni te diré cómo debes usarlo, puesto que eres completamente su dueño desde ahora, pero sí hago afán a lo importante que es. Cuídalo tanto como cuidaré la espada de tu abuelo. Te quiero.