; Me duele saber que ya no estás, que ya no podré tocar tu puerta cada mañana para ir a clases, que ya no escucharé tu risa escandalosa cada que haga un mal chiste, que ya no escaparemos juntos a todas esas fiestas de mala muerte que son a un millón de kilómetros de nuestro vecindario.
Maldita sea, en serio voy a extrañarte demasiado. No merecías esto, no tú.
Descansa en paz, Valerie.