La noche ya había caído cuando Rumi salió del edificio de ensayo. Aún llevaba la sudadera grande sobre el top negro y los audífonos colgándole del cuello, estaba agotada, física y emocionalmente, pero no quería volver todavía al dormitorio.
La tienda de la esquina seguía abierta, empujó la puerta, y el sonido de la campanilla, la sacó un poco de sus pensamientos, busco una bebida fría y algo dulce