Kenji dejó que sus labios respondieran primero, lento, profundo… como si quisiera memorizar cada promesa en ese beso. Sus manos se aferraron a la cintura ajena con una necesidad contenida, no posesiva… sino temerosa de perder algo tan frágil.—Cuando se separó apenas, su respiración estaba agitada, pero su mirada era clara. —No prometas eternidades si no estás dispuesto a sostenerlas conmigo… —susurró, apoyando su frente contra la suya— porque yo sí lo estoy.
—Sus dedos subieron hasta enredarse suavemente en su cabello, con una delicadeza casi reverente.—Dices que mi bienestar estará antes que tus caprichos… pero yo no quiero ser una carga que tengas que priorizar. Quiero ser la elección que haces incluso cuando todo esté en calma.
—Una pequeña sonrisa, suave, vulnerable. —Si soy un sol… es porque tú me miras como si lo fuera. Y si soy más que un príncipe… es porque contigo puedo ser simplemente yo. Sin tronos. Sin máscaras.—Su pulgar acarició la mejilla que tanto había aprendido a querer en secreto. —No estaremos escondidos para siempre… pero si el mundo intenta separarnos, entonces aprenderé a gobernarlo mejor. Por ti. Por nosotros.
—Y esta vez, el beso que dejó sobre sus labios no fue urgente… fue firme. Como una promesa sellada con decisión.