Y eso vale más que cualquier cosa.
Gracias por tu paciencia, por entender mis horarios imposibles, por quedarte aunque a veces esté cansado o callado. Gracias por mirarme como si yo fuera algo bueno. Porque cuando vos me mirás así, casi me lo creo.
Ojalá pudiera estar ahora mismo con vos, aunque sea cinco minutos, solo para verte y decirte todo esto mirándote a los ojos. Pero mientras tanto, quería que supieras que hoy, incluso entre el ruido y el trabajo, mi cabeza siempre volvía al mismo lugar: vos.
Feliz San Valentín, mi amor.
Te amo más de lo que estas palabras alcanzan.