Katherine manipuló a Kira desde su transformación, haciéndole creer que Damon sabía de su existencia y eligió abandonarla. Para Kira, no importaba que Damon ignorara el embarazo de su madre, importaba el hecho de que un padre debería saber, debería haber estado ahí cuando su madre moría lentamente de enfermedad.
Lo odia porque él sí puede amar a su familia, simplemente ella no cuenta en esa ecuación. Lo desprecia por hipócrita. Se hace el monstruo sin corazón, pero juega a ser héroe. Al menos Kira es honesta sobre lo que es: una depredadora sin remordimientos. Damon es un cobarde que no asume completamente ninguno de sus dos lados. Cada víctima que Kira escoge tiene algo que ver con él: padres devotos que representan lo que él nunca fue, hombres que abandonan familias.
Paradójicamente, parte de su odio viene de querer que él la vea. En el fondo, debajo de toda la violencia y el rencor, hay una verdad simple: Kira odia a Damon porque una parte de ella, la parte humana que murió con su madre, todavía quiere que él hubiera estado ahí. Quiere odiarlo por ser un monstruo, pero lo odia más por haber sido capaz de amar... solo que no a ella como su hija.