—Psycharis me dejó pensando un ratito a quién debía elegir para cumplir mi reto... Y al final te escogí a ti, por dos razones. —se sinceró con el contrario mientras sonreía apenado. Junto a su sonrisa, sus ojos se abultaban levemente, evidenciando aquel toque juguetón natural de su actitud. Acto seguido, y dejando en suspenso los motivos, se acercó al otro hasta reducir lo suficiente la distancia entre ambos. Sus manos varoniles se condujeron hasta la cintura ajena, empezando a juguetear el borde de la prenda. Con sumo cuidado y lentitud, su agarre en el final de la camisa se afianzó y empezó a subir la tela por el cuerpo ajeno. Para que el aire tenso del momento se aliviara —aunque sea lo mínimo—, retomó su diálogo. —Te elegí a ti para molestarte. Me divierte hacerte enojar. —confesó lo obvio junto con una risita que pudo ser de cierta timidez o de una ligera burla, aunque incluso para él fue confusa.
Deslizó por completo la prenda y se la entregó al otro, pensando que él iba a querer cubrirse en cuanto pudiera. Aunque intentó continuar con el reto lo antes posible, su mirada se deslizó inconscientemente por el torso desnudo del otro, delineando apenas los detalles de su figura antes de recordar que debía apresurarse antes de que todo se tornara incómodo. Tomó las mejillas del otro, apegando su cuerpo apenas, y formó un leve puchero con sus labios para después dejar un pequeño beso en los belfos ajenos. No fue una unión extremadamente larga, pero tampoco duró apenas un par de segundos. Un chasquido suave resultó al separar sus labios y recordó que le faltaba algo por decir. —Y también porque eres muy bonito... Ya te lo había dicho. —susurró cada palabra como si quisiera que fuera un secreto entre ambos, que nadie más se enterara de lo que había pronunciado. Por mero reflejo gracias a que no había disuelto la cercanía, dejó un nuevo piquito en el mismo lugar, dando un suave apretón a los mofletes que sostenía antes de alejarse.