Hola a ti también, Laenys. Me alegra tanto verte que ahora mismo algunas lágrimas quieren derramarse por mis mejillas. Bah, ¿importa que tengas un suéter mío? Hoy estoy siendo benevolente y te dejaré usarlo unas horas más.
No quiero llamar la atención, Laenys. Dejémosle ese papel a Aegon, ¿no? Quizás él acepte tu estúpida propuesta, sólo procura que haya bebido un par de copas antes.