⟡⫘⫘ La crianza que recibió fue un desfile de lecciones de etiqueta aristocrática intercaladas con entrenamientos de duelo que dejaban su cuerpo marcado por el agotamiento. Su padre no la criaba para ser una bruja, sino para ser un arma de precisión, alguien que pudiera caminar entre la alta sociedad con la gracia de un cisne y atacar con la letalidad de una víbora. Si Lenore fallaba en un encantamiento de escudo, su padre la encerraba en una habitación sumida en la oscuridad absoluta durante días, obligándola a encender su propia varita mediante pura fuerza de voluntad y desesperación, sin comida ni agua hasta que la luz brotara de su madera. Otros castigos incluían el uso de hechizos de presión que le hacían sentir que el aire mismo se volvía de plomo, una metáfora física de la carga de su apellido. Estos momentos de privación y dolor le enseñaron que la seguridad era un privilegio que solo el poder podía comprar.⫘⫘⟡